En esta ocasión dejamos Bilbao en paz y nos trasladamos a Huesca, a través de carreteras de mala muerte, esquivando camiones, sufriendo con los progresos de alguna que otra hormigonera kamikaze...de verdad que cada día apetece menos coger el coche.
Bueno, lo dicho: que a Huesca, dejando atrás San Juan de la Peña (que también me ha dado por visitar) y Jaca (donde ya estuve hace unos años). Tirando para Bisecas y finalmente siguiendo los cartelitos rosas llegamos a Larrés y, buscando siempre alguna cuesta arriba, acabaremos encontrándonos con su castillo, en el que se aloja, para desconcierto de muchos, un magnífico museo de dibujo.Como casi todas las cosas, este castillo ha tenido su historia y antes de poder convertirse en el museo que es hoy han tenido que pasar años, obras y restauraciones. Para conocer todos los detalles de la vida de estas piedras se puede consultar en la web de los amigos de serrablo.
El castillo (más torre que otra cosa) es interesante de ver sólo de por sí. El bloque y medio tan austero que nos espera fuera se convierte después en una sucesión de salas que parecen no terminar nunca. En la planta baja sorprende, de hecho, un pequeño patio con cuatro arcos apuntados, que recibe toda la luz del día y deja en penumbra las paredes en que encontramos ya las primeras muestras de la exposición.A su alrededor se distribuyen ya las primeras salas. Aunque están todas numeradas, no es forzosamente necesario seguir el orden, ya que en la mayor parte de los casos encontraremos tanto obra realista como abstracta conviviendo juntas, de tal manera que el aspecto cronológico también parece quedar alterado por completo. Muchos dibujos, aunque sean obras terminadas de por sí, se prestan a actual como bocetos, de tal manera que admiten mejor esta mezcolanza de estilos.
A medida que vamos ascendiendo descubrimos nuevas salas, que ofrecen constantemente esta mezcla de géneros. En cierto modo, esto ayuda a mantener el interés y la atención, ya que evita la sensación de estar viendo siempre lo mismo. Las salas mejor identificadas son las que se destinan al cómic, la viñeta y la tira cómica.
Eso sí, para acceder hasta ellas tendremos que pasar un poco de agobio: se encuentran en la parte más alta de la torre, lo que significa ascender por un tramo de escaleras de piedra, con la cabeza casi pegando al techo y las paredes de ambos lados casi rozándonos los brazos. Y claro está, peor es la bajada que la subida. Muy propio de una torre defensiva, pero quizá poco aconsejable para una instalación cultural.En fin, pasando a otras cosas: por lo que me han dicho, este año no ha podido ser, pero se espera que para el año que viene se puedan abrir nuevas salas y una galería que sirva de mirador desde la que contemplar el paisaje que rodea el castillo sin obstáculos para la vista, y que desde luego tiene que ser impresionante. Esperemos que haya suerte y los obreros pongan manos a la obra cuanto antes.
Por lo demás, una vez que ya se me ha ido la olla hablando de piedras, pasemos al contenido...En este museo encontraremos bocetos, apuntes, estudios, trabajos académicos, desnudos, ilustraciones hechas con diferentes materiales...Algunas de las obras son de tamaño pequeño o mediano, lo que se podría esperar de un dibujo, por así decirlo.
Pero también nos veremos sorprendidos (y gratamente, espero) por otros de formato mucho más importante y con unos acabados realmente sorprendentes independientemente de que estén realizados a lápiz, carboncillo, pasteles, tintas...Uno de los puntos principales, yo creo, es no quedarse con la idea de que vamos a ir a ver sólo garabatos esbozados para algún cuadro en proyecto, o tan sólo imágenes a lápiz o carboncillo de desnudos realizados en la academia o alguna facultad de bellas artes.
La calidad de muchosde estos trabajos es innegable, así como su realismo, su precisión en el detalle y en el acabado de las textuas. La exposición es larga de ver si le dedicamos nuestro tiempo sin prisas; además las obras se suelen ir rotando para que no resulte una colección monótona, y para dar cabida a otros trabajos del fondo del museo o a exposiciones temporales.
A lo largo de las salas encontraremos bancos para poder disfrutar sosegadamante. Muchas ventanas, además, conservan las bancadas características de ese tipo de efificaciones, desde donde también podemos detenernos a contemplar el paisaje que rodea el edificio.
Creo que el lugar es digno de ver y no parece muy conocido. Aunque tiene visitas, no parece frecuentado y esa calma y paz resultan muy propicias para tomárselo con calma. Hay estilos para todos los gustos. E incluso no está de más darse una vueltecilla después por el pueblo, que tiene rinconcillos muy atractivos.Por cierto, atención a las chimeneas de la zona. Son como pequeños faros en los extremos de las casas, cilíndricas y con tejado, en lugar de cuadrangulares y abiertas al cielo. Bastante curiosas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario